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miércoles, 19 de octubre de 2016

El secreto de Julia ¿Qué se dice de la novela?


La dama salió del ayuntamiento absorta en sus pensamientos. Estaba ansiosa por
llegar a su casa y responder la solicitud de oferta. Por fin iba a vender la antigua casona
familiar que tanto odiaba y tan malos recuerdos le traían.
Un sujeto se interpuso en su camino, y ella alzó la cabeza sorprendida.
—¡Madame Fontaine Sculptée! —El lord inglés Frederick Fegurson hizo una
exagerada reverencia—. Un placer volver a verla.
—Milord —saludó ella apenas inclinando la cabeza. Se apartó, decidida a
continuar su camino. Lord Fegurson había sido camarada de su esposo y tan odioso
como él.
—Por favor, permítame acompañarla.
Caroline le lanzó una mirada despectiva.
—Se lo agradezco, milord, pero creo que estaría mejor yo sola.
El hombre ignoró sus palabras y echó andar junto a ella. Que Caroline lo
fulminara con los ojos, no lo volvió menos atrevido.
—Una dama como usted no debería caminar sola. Alguien podría molestarla.
—¿Cómo usted? —respondió ella con una pregunta. Siguió caminando.
En otro tiempo, habría mostrado más respeto por él, pero ahora era viuda e
independiente y le importaba un pimiento la posición de aquel hombre. Ella era
marquesa y tenía tanto peso como él en la sociedad.
—¿Por qué se muestra tan irritante conmigo, madame? —dijo el hombre con los
dientes apretados. La tomó con fuerza de un brazo, haciendo que se detuviese—. En
cierto modo, al ser tan íntimo de su familia, me siento responsable con usted.
—Le recuerdo que era amigo de mi esposo, no mío —respondió ella queriendo
liberarse. El lord no cedió, y ella lo atravesó con una fría mirada—. Si no me suelta
ahora mismo, formaré tal escándalo que lo oirán hasta en la China.
Lord Fegurson presionó más sobre su brazo, iba amenazarla cuando un hombre,
que se había detenido tras la dama, dio un paso en su dirección.
—Madame acaba de decir que la suelte. ¡Hágalo! —avisó en un peligroso
susurro.
El lord observó al recién llegado y, como si de repente el brazo de Caroline
quemara, la soltó.
—Trataba de ayudar a la marquesa —se disculpó.
—Pero ahora madame no necesita su ayuda. —Se giró a ella con gesto
interrogante—. ¿Verdad?
Caroline, sin palabras, se encontró mirando un par de ojos grises translucidos en
una cara bronceada. Su cabello era rubio con finas hebras plateadas, al igual que las
patillas que resaltaban un rostro firme de rasgos severos. Tenía una boca de labios
generosos que en aquel preciso momento no reían.
—¿Necesita su ayuda? —insistió el hombre con gesto interrogante.
Ella negó azorada.
—No la necesito.
—Ya ha escuchado a la dama —volvió a decir el intruso.
Lord Fegurson efectuó una disculpa y se marchó apresuradamente, con el rabo
entre las piernas.
—No debería provocarlo, monsieur Delón —le advirtió Caroline—. Lord
Fegurson es un tipo muy… muy… —no encontraba ningún sinónimo de despreciable.
—¿Vengativo?
—Eso, vengativo —afirmó nerviosa. Gérard era un hombre muy atractivo.
Vestía de oscuro, elegante pero informal, sin chaleco, sin pañuelo, lazo o corbatín.
Llevaba chaqueta, y la camisa de seda beige tenía los primeros botones desabrochados.
—¿Se encuentra bien? ¿La ha ofendido en algún modo?
—Estoy bien, monsieur, ha sido usted muy amable —contestó agradecida y
atacada de los nervios. Ese hombre hacía que le temblaran hasta las rodillas. Desde que
él había entrado en escena, el rubor era constante.
—¿Tiene mucho trato con ese hombre? —preguntó Gérard, volviéndose para
observar calle arriba por donde había desaparecido el tipo—. Hay personas que no
tienen ni una pizca de educación. —La miró con un brillo muy singular en sus ojos
grises y le ofreció el brazo—. ¿Me permite acompañarla? Si confía en mí, por supuesto.
Las mejillas de Caroline ardieron a fuego vivo al darse cuenta de que el hombre
había presenciado su mala contestación al lord. Posó su mano sobre su chaqueta casi sin
tocarlo.
—Lord Fegurson es un antiguo amigo de mi difunto esposo. Es un hombre muy
persistente en cuanto a demostrarme sus atenciones y se cree con un derecho especial.
—Miró al hombre rubio y lo vio desviar sus ojos al frente. Caroline disimuló una
sonrisa al haberlo pillado estudiándola con rostro admirado—. Piensa que necesito que
me protejan.
—No me ha parecido que quisiera protegerla. —Comenzaron a caminar por la
calle en dirección contraria a la que había seguido el lord—. Diría que ese chevalier
debería ser advertido de que no vuelva a molestarla.
Caroline tembló ligeramente emocionada. Muchas noches había soñado con
pasear del brazo de Gérard Delón, justo desde la primera vez que lo vio hacía muchos
años, el mismo día que él se casaba con la norteamericana y ella acudió como invitada,
dos temporadas antes de ser presentada y obligada a casarse con el viejo marqués.
—No se preocupe por mí, monsieur. Por la forma en que ha salido corriendo al
verlo, he comprobado que le teme. La próxima vez que se me acerque, lo amenazaré
con avisarle a usted.
—No dude en hacerlo, madame Fontaine Sculptée. Iba a comer algo antes de
regresar a casa, ¿quisiera acompañarme?
—Solo si me llama Caroline —respondió controlando que él no pudiera ver la
súbita alegría que se había adueñado de ella.
—Muy bien, Caroline.
Su nombre dicho por Gérard sonaba hermoso, como si arrastrase las palabras
con lentitud.

reseña


¿Y tú a que esperas para leerla?
Por cierto, me gustaría saber vuestras opiniones sobre la novela.

Bree.

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