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miércoles, 19 de octubre de 2016

El secreto de Julia ¿Qué se dice de la novela?


La dama salió del ayuntamiento absorta en sus pensamientos. Estaba ansiosa por
llegar a su casa y responder la solicitud de oferta. Por fin iba a vender la antigua casona
familiar que tanto odiaba y tan malos recuerdos le traían.
Un sujeto se interpuso en su camino, y ella alzó la cabeza sorprendida.
—¡Madame Fontaine Sculptée! —El lord inglés Frederick Fegurson hizo una
exagerada reverencia—. Un placer volver a verla.
—Milord —saludó ella apenas inclinando la cabeza. Se apartó, decidida a
continuar su camino. Lord Fegurson había sido camarada de su esposo y tan odioso
como él.
—Por favor, permítame acompañarla.
Caroline le lanzó una mirada despectiva.
—Se lo agradezco, milord, pero creo que estaría mejor yo sola.
El hombre ignoró sus palabras y echó andar junto a ella. Que Caroline lo
fulminara con los ojos, no lo volvió menos atrevido.
—Una dama como usted no debería caminar sola. Alguien podría molestarla.
—¿Cómo usted? —respondió ella con una pregunta. Siguió caminando.
En otro tiempo, habría mostrado más respeto por él, pero ahora era viuda e
independiente y le importaba un pimiento la posición de aquel hombre. Ella era
marquesa y tenía tanto peso como él en la sociedad.
—¿Por qué se muestra tan irritante conmigo, madame? —dijo el hombre con los
dientes apretados. La tomó con fuerza de un brazo, haciendo que se detuviese—. En
cierto modo, al ser tan íntimo de su familia, me siento responsable con usted.
—Le recuerdo que era amigo de mi esposo, no mío —respondió ella queriendo
liberarse. El lord no cedió, y ella lo atravesó con una fría mirada—. Si no me suelta
ahora mismo, formaré tal escándalo que lo oirán hasta en la China.
Lord Fegurson presionó más sobre su brazo, iba amenazarla cuando un hombre,
que se había detenido tras la dama, dio un paso en su dirección.
—Madame acaba de decir que la suelte. ¡Hágalo! —avisó en un peligroso
susurro.
El lord observó al recién llegado y, como si de repente el brazo de Caroline
quemara, la soltó.
—Trataba de ayudar a la marquesa —se disculpó.
—Pero ahora madame no necesita su ayuda. —Se giró a ella con gesto
interrogante—. ¿Verdad?
Caroline, sin palabras, se encontró mirando un par de ojos grises translucidos en
una cara bronceada. Su cabello era rubio con finas hebras plateadas, al igual que las
patillas que resaltaban un rostro firme de rasgos severos. Tenía una boca de labios
generosos que en aquel preciso momento no reían.
—¿Necesita su ayuda? —insistió el hombre con gesto interrogante.
Ella negó azorada.
—No la necesito.
—Ya ha escuchado a la dama —volvió a decir el intruso.
Lord Fegurson efectuó una disculpa y se marchó apresuradamente, con el rabo
entre las piernas.
—No debería provocarlo, monsieur Delón —le advirtió Caroline—. Lord
Fegurson es un tipo muy… muy… —no encontraba ningún sinónimo de despreciable.
—¿Vengativo?
—Eso, vengativo —afirmó nerviosa. Gérard era un hombre muy atractivo.
Vestía de oscuro, elegante pero informal, sin chaleco, sin pañuelo, lazo o corbatín.
Llevaba chaqueta, y la camisa de seda beige tenía los primeros botones desabrochados.
—¿Se encuentra bien? ¿La ha ofendido en algún modo?
—Estoy bien, monsieur, ha sido usted muy amable —contestó agradecida y
atacada de los nervios. Ese hombre hacía que le temblaran hasta las rodillas. Desde que
él había entrado en escena, el rubor era constante.
—¿Tiene mucho trato con ese hombre? —preguntó Gérard, volviéndose para
observar calle arriba por donde había desaparecido el tipo—. Hay personas que no
tienen ni una pizca de educación. —La miró con un brillo muy singular en sus ojos
grises y le ofreció el brazo—. ¿Me permite acompañarla? Si confía en mí, por supuesto.
Las mejillas de Caroline ardieron a fuego vivo al darse cuenta de que el hombre
había presenciado su mala contestación al lord. Posó su mano sobre su chaqueta casi sin
tocarlo.
—Lord Fegurson es un antiguo amigo de mi difunto esposo. Es un hombre muy
persistente en cuanto a demostrarme sus atenciones y se cree con un derecho especial.
—Miró al hombre rubio y lo vio desviar sus ojos al frente. Caroline disimuló una
sonrisa al haberlo pillado estudiándola con rostro admirado—. Piensa que necesito que
me protejan.
—No me ha parecido que quisiera protegerla. —Comenzaron a caminar por la
calle en dirección contraria a la que había seguido el lord—. Diría que ese chevalier
debería ser advertido de que no vuelva a molestarla.
Caroline tembló ligeramente emocionada. Muchas noches había soñado con
pasear del brazo de Gérard Delón, justo desde la primera vez que lo vio hacía muchos
años, el mismo día que él se casaba con la norteamericana y ella acudió como invitada,
dos temporadas antes de ser presentada y obligada a casarse con el viejo marqués.
—No se preocupe por mí, monsieur. Por la forma en que ha salido corriendo al
verlo, he comprobado que le teme. La próxima vez que se me acerque, lo amenazaré
con avisarle a usted.
—No dude en hacerlo, madame Fontaine Sculptée. Iba a comer algo antes de
regresar a casa, ¿quisiera acompañarme?
—Solo si me llama Caroline —respondió controlando que él no pudiera ver la
súbita alegría que se había adueñado de ella.
—Muy bien, Caroline.
Su nombre dicho por Gérard sonaba hermoso, como si arrastrase las palabras
con lentitud.

reseña


¿Y tú a que esperas para leerla?
Por cierto, me gustaría saber vuestras opiniones sobre la novela.

Bree.

martes, 18 de octubre de 2016

Corazón de pirata (No puedo callarme)

Respondiendo una crítica: 

Yo no so uelo hacer euelo hacer esto y los que me conocen lo saben, sin embargo he encontrado una crítica de una de mis novelas y creo que debo contestarla por varias razones que iréis viendo.

Lectora:
No sé como empezar, la verdad. Solo puedo decir que ha sido una total desilusión. La sinopsis prometía bastante y a mí generalmente cualquier libro que implique un pirata me gusta, pero en este no ha habido tanta suerte.
Nada más empezar, la historia comienza a tener unos saltos en el tiempo demasiado bruscos; tan pronto estás con la protagonista en una apacible tarde de invierno asistiendo a una fiesta cuando al párrafo siguiente te encuentras ya en primavera y con un montón de sucesos pasados. Esto ha hecho que la lectura no siempre se me hiciera llevadera y hasta confusa.

Yo:
(Esta novela narra cómo los protagonistas se conocen y salen juntos durante unos meses, conociéndose poco a poco. Por lo que la novela no habla continuamente de un mismo día)

Lectora:
Y luego están los protagonistas. Lo siento, no he logrado conectar con ellos para nada. He leído libros en lo que las normas sociales de la época se saltaban un poco a la torera, pero aquí me ha parecido que han saltado a la torera, al torero y la plaza de toros, todos a la vez.
Ella es una chica de buena familia que siempre dice lo que piensa, no piensa en las consecuencias de sus acciones y siempre se mete en todo. Y no solo eso, tiene alguien que le gusta, su mejor amigo desde hace años, pero como nuestro pirata es tan apuesto, no le habría importado acostarse y lo que se tercie con él si se lo hubiera pedido!!! “no soy experta en histórica, pero una dama de esa época no tenía unos pensamientos tan liberales por mucho que sus padres la hubieran malcriado y dejado crecer un poco más a su libre albedrío “

Yo:
(Contestando eso, ella en ningún momento dice que sea una dama, es más, comienza diciendo que prefiere bailar descalza en una pradera que estar en una fiesta. Adora su tierra, es escocesa y muy rebelde. No se aviene a ninguna norma. Y mujeres de estas clases las hay en cualquier época. Por cierto, su amigo del alma es un herrero que le gusta, pero no le ama (cuando se despiden y se besan se da cuenta de eso.)

Lectora:
 Para más Inri, decir que durante todo el libro tiene una bipolaridad aplastante y no sabe estarse quieta cuando la situación es peligrosa, poniendo así su vida y los de su alrededor en peligro sin motivo *.*

Yo:
(Yo esto no lo he visto, excepto en una escena que no voy a contar y está casi en el final. Pero sin duda debe ser defecto que tenemos muchas mujeres o queremos tener. Es valiente y atrevida, también un poco culo de mal asiento)

Lectora:
Ahora pasemos a él, apodado El Gitano, y tras haber trabajado para la corona británica en calidad de "pirata",

Yo:
 (no es pirata, es corsario, no es lo mismo)

Lectora:
…conoce a la protagonista en una fiesta, acepta el plan que esta le propone y tras varios días consintiendo,

Yo:
(yo diría varias semanas, lo que viene siendo un par de meses)

Lectora:
 …como ella le rechaza y está decidido a encamarse con ella, la secuestra. Y ahí no acaba todo, no solo la miente y una vez que consigue lo que se propone no solo no la ofrece matrimonio y la lleva obligada a vivir con la amante a su plantación, sino que, siendo como es un caballero,...

Yo:
 (Alex no es un caballero, no lo digo yo, lo dice él y suponiendo que es un pirata como dices, no es de extrañar que secuestre a alguien. Los piratas hacían eso ¿No? Y no la lleva a vivir con su amante. La otra tiene su propia casa en la misma ciudad que él. Nunca han vivido juntos)

Lectora:
  …hay acciones que no son nada acordes con él tampoco. Y la puntilla final fue cuando sus enemigos, queriendo secuestrar a su hijo para obligarle a entregarse, él, tan listo, decide dejar que se lleven a su hijo!!! eso sí, a su barco, pero no me convence que ponga en peligro a su propio hijo, recién nacido,

Yo:
( el niño no es recién nacido, diría que alrededor de nueve meses. A Sara tampoco le convence mucho, la verdad)

Lectora:
…por muy preparado que esté para dar caza a las personas que le quieren hacer mal, lo siento.
(Cuando una persona escribe una historia, sale de su imaginación. A mí tampoco me convencía que en love history muriese la protagonista, o que en lo que el viento se llevó, los protas no terminasen muy bien. No sé si con estos ejemplos me he explicado. No es cuestión de convencer a nadie, es lo que hay)

Lectora:
Era una historia que tenía unos buenos ingredientes para que me gustara, pero no ha pasado de un libro con unas ansias locas por acabarle y unos protagonistas que no han acabado de cuajarme.
Si le tengo que dar algo positivo, es que la escritura es sencilla, se lee rápido y hay algunos puntos de la historia que son interesantes.

Yo:
(Ante todo, y con mi respeto, muchas gracias por lo positivo. Por lo demás, con decir que no te ha gustado era suficiente. Yo acepto las críticas, sobre todo cuando me enseñan a mejorar, vamos, lo que vienen siendo las constructivas,  sin embargo en este caso no creo que esta me ayude mucho. (estoy dudando si estamos hablando de la misma novela). Lo único que yo he visto ha sido el espoiler, porque por lo demás no le encuentro demasiado sentido. De verdad que siento mucho que no te haya gustado. Hay un dicho que dice que para gustos los colores. Yo estoy bastante satisfecha con esta novela CORAZÓN DE PIRATA y no la cambiaría nada. Sara, mi prota es así, o se la quiere o se la odia. Menos mal que la gran mayoría la quiere.)


martes, 21 de junio de 2016

Relato premiado. El último aliento de Sandra. P. Bree

El último aliento.    Sandra P. Bree

Cerró los ojos con fuerza, negándose a regresar a la realidad, al mundo de los vivos.
    Escuchó el débil tintineo del cristal sobre su cabeza. Otra vez llenaban sus venas con suero y calmantes. ¡Como sí eso pudiera evitar sentir los movimientos de su hijo no nato aún!

    Gimió. Apenas llevaba cinco meses de embarazo.
    Hacia tan sólo unos días había agradecido esos movimientos, ese cosquilleo en su vientre.

    La ilusión de ser madre, la ropita, la cunita, el dormitorio...La felicidad había llenado su vida embargándola de nuevas sensaciones, de nuevos sueños, y sin embargo ahora deseaba que todo acabara pronto.

    Hacia oídos sordos al vago latido de su segundo corazón, por miedo a dejar de oírlo, a que se detuviese de un momento a otro. Y lo más cruel, es que sabía que se marchaba, que abandonaba, no sin luchar, por el último aliento de vida.
Una vida aún sin estrenar dejando unos brazos vacíos llenos de amor, un montón de palabras repletas de ternura.

    Abrió los ojos pero no estaba en casa. Aquella habitación blanca, fría, desnuda...
    Una lágrima resbaló por su sien cayendo sobre la cama de hospital.
    Se hacia la fuerte. Luchaba por mantenerse calmada y distante, a veces de un modo casi imposible cuando los sentimientos te aprisionan los pulmones impidiendo respirar con normalidad, y aun así, lo intentaba.
    No podía dejar de acariciarse el vientre, animando a su bebe y fortaleciéndolo con sus palabras.
    Estaba calmada o lo fingía, pero deseaba gritar, llorar y volver a gritar.
    Su bebé se marchaba sólo, sin siquiera sentir el beso de su madre. Tan sólo un único beso.
    Ella quería tocarlo, amarlo, sentirlo. Cualquier cosa menos hacerse a la idea que todo estaba perdido. Que jamás lo conocería porque estaba destinado a la muerte.
    
     No quiso verlo por última vez en el moderno monitor de las ecografias. Se negó a conocer sí era un hombrecito o una pequeña sirena.

     Los dolores comenzaron de nuevo.

―empuja―escuchó decir. A ella no le importaron aquellas palabras.

    Volvió a cerrar los ojos y se mordió los labios con fuerza.
    No haría nada para adelantar la marcha.
    No estaba preparada para la despedida.
   
    No deseaba ver a Su bebe entre batas verdes.
   
    Su mente se negó a reconocer que podía sentir el diminuto cuerpo resbalando entre sus piernas, unos huesos finos y delicados, que ahora sí, habían dejado de moverse para siempre.
    Aquel líquido espeso, caliente y húmedo salía a borbotones de su cuerpo.
    Entonces de nuevo abrió los ojos y vio al doctor con algo minúsculo entre sus manos, como si fuera un pajarillo desvalido. Trató de mirar e incorporarse sin conseguirlo.
    Rompió a llorar. “podría tener más hijos”. Sí, pero ella quería ese.
    Por fin gritó, lloró y volvió a gritar.
    Esa vez Dios no la acompañó, de haber sido así, la habría llevado a ella también.
    La desolación y el miedo la embargaron repentinamente y entonces le vio.
    El padre de su bebé estaba frente a ella, llorando en silencio. Mirándola con todo el amor y la preocupación reflejado en sus ojos pardos.
    Ella tomó las sábanas con ambos puños y se cubrió la cabeza sin importar la aspereza de la tela.
    Ya no podía ocultar sus emociones, ni la vergüenza que sentía al no haber podido retener aquel trozo del amor. Al ser que juntos habían engendrado y que ahora desaparecía por una puerta, por un largo corredor silencioso.
    Sintió las grandes manos que retiraba la sabana de su rostro lloroso. Las manos amadas que aparentaban una tranquilidad fingida.
    Notó su aroma, la calidez de su piel.
    Ambos se miraron fijamente a los ojos, sin hablar, en silencio. Trasmitiéndose un millar de sueños futuros, incapaces de apartar la mirada uno del otro.
    Pasó una eternidad. Ambos cogidos de las manos y perdidos en un extraño silencio, en un mundo creado sólo para ellos. Eran jóvenes y se amaban.

    Ella me miró con una triste sonrisa en sus labios resecos. Yo no quería llorar, no delante de ellos.
    Sonreí a mi vez y acercándome les tomé de las manos. Invadí su intimidad.
    No pude hablar. Un nudo atenazaba mi garganta y mis ojos ardieron en el intento de no derramar ni una sola lágrima.
    Él Asintió. Yo también lo hice.
    Salí en silencio. Consciente de haber presenciado lo... lo más doloroso que una mujer puede llegar a sentir. Que un hombre puede llegar a sentir.
    Antes de cerrar la puerta los escuche decir:


―Siempre juntos.


                                                                                     (Bree) 2008

lunes, 20 de junio de 2016

Un truhan encantador ¿Qué se dice?

La novela de Colbert y Alana (una de mis preferidas junto a corazón de pirata) ya está a la venta desde el mes de abril. Otra vez he vuelto a leerla, no puedo remediarlo, me encanta. Algunos diréis que no tengo abuela, y en cierto modo es verdad, pero no voy por ahí.
Al principio, cuando comencé a escribirla, mi protagonista femenina se llamaba Lorraine, sin embargo cambié a ultima hora de nombre y creo que acerté de pleno.
He recopilado reseñas y comentarios, por eso esta entrada la he llamado:
¿Qué se dice de un truhan encantador?

En la casa del libro



Goodreads



Amazon











Y a continuación pongo la reseña de Rocio, subida a la web del Rincón de la novela romántica.

Si todavía no la has leído ¿Por qué no lo haces y me dejas un comentario? Con tu opinión me ayudas un montón aunque no lo sepas. Gracias.
Puedes comprarla desde aquí mismo.

 https://www.amazon.es/truhan-encantador-Selecci%C3%B3n-RNR-ebook/dp/B01DMBB0XO?ie=UTF8&ref_=pd_ecc_rvi_1

jueves, 5 de mayo de 2016

Jai leen (romántica paranormal)

¡Madre mía! Acabo de encontrar esa historia de hace unos cuantos añitos.




Las sombras del limbo.
(Inicio)
Jai leen atravesó el largo corredor, de altísimos techos, en una ligera y silenciosa carrera  escondiéndose tras las columnas de mármol por si alguien la descubría. El fuerte aroma de lilas impregnaba cada hueco, cada sala del amplio palacio. Su excelencia Caitlin adoraba esas flores, tanto que solía adornar los cabellos con ellas. Las mayorías de sus túnicas así como las de Jai leen oscilaban desde el blanco hasta el morado más fuerte, siempre en la misma gama.
Sus sandalias blancas apenas hicieron ruido en el brillante suelo.  Otra vez había desobedecido las órdenes de su padre y la última vez que la pilló logró asustarla de verdad. Había pensado que por una vez no sería capaz de saltarse el castigo, los ruegos y las promesas habían quedado desfasadas hacía años, ahora utilizaba otros métodos, las excusas.
Las excusas, muchas veces eran efectivas para librarse de los enojos de su padre, su madre Caitlin era diferente, ella no se tragaba sus cuentos y siempre sabia cuando mentía o escondía algo o cuando ese día se había portado de modo ejemplar. Las excusas fueron inventadas por los mortales y Jai leen se sentía tan fascinada por ellos que lo que mayormente hacía era aprender de sus costumbres. Después de todo no eran tan distintos, quizá con menos poderes y algo más débiles pero por poco más se diferenciaban. Físicamente eran iguales, pero la mentalidad de la gente… demasiado liberales, permisivos. No podía entender que en una relación sentimental, el amor se pudiera acabar de un día para otro.
Jai leen se aplastó contra la pared al escuchar los pasos que se acercaban. Iban demasiado rápido por lo que pensó que la habían descubierto. Aguantó la respiración con fuerza y se colocó en el estrecho hueco que había entre la columna y la pared. La corta túnica que la cubría era tan blanca como  el mismo muro.
Un soldado de la guardia de protectores de almas pasó ante ella como una exhalación. Era el riguroso Humbert que caminaba a un paso desacostumbrado, por regla general tardaba su buen tiempo en recorrer las estancias y esta vez había sido visto y no visto.
¿Habría pasado algo?
Escuchó los gritos antes que un humo blanco y denso se deslizara como una serpiente por las losas del frío suelo para ir ascendiendo de modo envolvente y con bastante celeridad hacía los techos de palacio, formando una gran espiral opaca.
Jai leen salió de su escondite y trató de acceder a la sala principal, de allí provenían los chillidos de su hermana y su madre, pero también de la humareda que cegaba sus ojos y obstruía sus vías respiratorias.
Nerviosa y asustada llamó a la guardia entre gritos mientras intentaba contactar con su familia.
 No supo cuando los lamentos del interior cesaron.
Los hombres del Rey llegaron con una carrera perfecta de dos columnas por persona, todos al mismo paso con una coreografía bien estudiada y ahogando los ruidos de todo lo demás al golpear fuertemente con las gruesas botas en el suelo.
Una vez que averiguaron de qué se trataba perdieron el orden y mientras algunos arrancaban las colgaduras que pendían de la entrada, otros corrieron en pos de cubos de agua para evitar que el fuego se extendiera por el resto de las dependencias.
 -¿¡no va a entrar nadie!? – gritó Jai leen con desesperación viendo el ir y venir de los guardias. La escocían los ojos, que ya de por sí lloraban sin control. Apenas podía respirar y los pulmones comenzaron a quemar dentro de su pecho.
Sintió unas fuertes manos sobre sus hombros y ella giró mirando fijamente al hombre. Él era Humbert, el máximo Büyük Ege de la guardia (el gran guardián) y por ende el que debía proteger a su padre, también era el que probablemente había prendido fuego al lugar siendo el último en salir. ¿Por qué? Se suponía que el Büyük Ege era el principal encargado de custodiar al protector, y su padre, era el máximo represente de todos los demás protectores.
 -Es demasiado tarde Kauri Jai leen, retírese a sus aposentos hasta que todo esto acabe – la dijo con mirada preocupada. – ¡Sacha! llévala contigo y protégela con tu vida.
 -¡No me quiero ir! – gritó la joven con voz ronca y ojos desorbitados. ¿Por qué nadie se atrevía a entrar a la sala? Allí estaba sus familiares, ellos eran la realeza, el poder supremo del clan de protectores de almas. Eran Kauris.
Los hombres comenzaron a toser, el calor acompañaba la densa niebla y dentro de poco dejarían de ver con claridad.
Jai leen gritó entre sollozos, la habían cogido en brazos y corrían con ella con prisa.
 -Ha sido Humbert – dijo con un gemido lastimero. Perdió la consciencia antes de darse cuenta que el guardia evitaba la escalera y la sacaba directamente al exterior.

El hombre observó la anche calle con la joven Jai leen sobre su hombro. Tenía en mente repitiendo una y otra vez las palabras de la princesa de Kauri “Humbert era el culpable”
No supo porque no dudó de ella y prefirió ni siquiera plantearse lo ocurrido, tan solo era consciente de que probablemente ella era la última y única descendiente del reino de Kauri y debía protegerla con su vida. Si aquello era un complot para acabar con la dinastía él debía poner tierra de por medio y alejarla todo lo posible del lugar. Los Kauris no podían perecer en el olvido.
La gente comenzaba a salir de sus residencias alertados por el humo proveniente de palacio, algunos corrían avisando a los que aún no conocían la noticia, una gran mayoría de aldeanos se afanaron por salvar los muros evitando que las llamas lamieran cada rincón del vasto imperio. Gritos de angustia y chillidos lastimeros inundaron la avenida.
Sacha aprovechó el bullicio escabulléndose hacía la parte trasera del templo, allí los mercaderes siempre dejaban sus carros y debía haber alguno con el que pudiera salir de la ciudad. El pequeño cuerpo de Jai leen, inerte entre sus brazos, era liviano. Una muchacha demasiado delgada para soportar la carga que se avecinaba. ¿Cuántos años tenía, doce o trece? Era demasiado joven para encontrar el protector que se convirtiera en su esposo, o los protectores…
La calle estaba repleta de carretas, algunas ya tenían la carga completa, lanas, aceites, olivas, trigo… Sacha corrió hacía una que apenas tenía mercancía, el buey estaba colocado para salir. Agradeció a los dioses su golpe de suerte. Si alguien le hubiera detenido habría reconocido a la princesa Jai leen por el brazalete real y él estaría siendo acusado de traición al máximo halam.
Los alaridos de terror fueron más intensos. “el fuego devora el palacio” gritaban asustados.
Desde la parte trasera del templo, a través de las numerosas columnas que rodeaban al edificio de la Diosa Gea, se alcanzaba a ver las lenguas ardientes de las llamas y las altas pilastras de humo elevándose al cielo.
 Acomodó a la princesa lo mejor que pudo y tirando de las cinchas del animal le obligó a salir de la ciudad por la vía de los mercados.
Multitud de personas se arremolinaban en las calzadas impidiendo un andar ligero pero Sacha, con mucha maestría y armado de paciencia llegó hasta el puerto.
Si el Büyük Ege Humbert se enteraba de su traición lo mandaría sacrificar igual que un cordero, y por supuesto se enteraría en cuanto se diera cuenta de la desaparición de Jai leen y la suya propia. No tenía más opción que buscar seguridad en Urano.

1
Shura se inclinó hasta sentir bajo su frente el frio suelo de mármol. Podía presentir la fuerza del aura y su luz a pesar de tener los ojos cerrados. El calor que irradiaba era inconfundible.
Escuchó un murmullo tras de sí, voces que llegaban lejanas haciendo eco en la gran sala del Dios Urano, hijo y esposo de Gea, la madre tierra.
No se atrevió a levantar la vista ni intentar observar lo prohibido por mucho esfuerzo que la costase no mirar. ¡Y costaba! Había escuchado a Gea hablar sobre la puerta estelar o ventana de cotilleo como decían últimamente. Los mortales Vivian al otro lado y a ella, hija de una sierva esclava, no se la permitía mirar.
Tampoco podría estar allí, en la sala de Urano, de no ser que fuera a limpiarla, pero en aquella ocasión el mismo Dios la había mandado a llamar. Era la primera vez. Nunca el Dios se había dirigido a ella personalmente.
El santuario de Annemí era el lugar donde Urano daba su veredicto sobre alguna petición, ya fuera de perdón como de favor. Era una de las galerías más grande de Palacio que se sustentaba por altas y gruesas columnas marfiles y el piso reflejaba el lugar como si se tratara de un espejo. Los techos altos terminaban en una cúpula de vidriera digna del mejor arquitecto de todo el Peloponeso.
El templo tenía acceso directo al exterior, a los verdes prados de Argos y los hermosos jardines que la misma Gea se encargaba de cuidar.
Shura no estaba preocupada de estar allí, al contario, llena de curiosidad. Respiró con dificultad, la postura era molesta y los huesos de la espalda parecían estirarse provocando pequeños y dolorosos pinchazos. Escuchó unos suaves pasos que se acercaban y aguantó la respiración. No podía ser otro que su señor.
-¡Shura! – Llamó el hombre – Mi tiempo es oro y lo que te tengo que decir no va demorar. –Su voz fuerte era inconfundible, casi temible cuando llenó la sala –Levántate.
La joven tembló. ¡Levantarse! Sus piernas obedecieron con rapidez y bajó la cabeza evitando mirarle. Por el rabillo del ojo sentía el fulgor del aura, un gran aro con una luz incandescente, casi cegadora. Alzó los ojos tan solo unas décimas de segundo. Urano ante ella, envuelto en una larga túnica azul parecía estudiarla con paciencia.
El hombre era un gigante de dos metros y cuerpo robusto, más bien obeso. El cabello largo y blanco caía sobre su espalda enredándose con una barba que le cubría la mayor parte del rostro.
 -¡Shura! Tengo una misión especial para ti. Gea me ha convencido de que podrías ayudarnos.
-Claro mi señor – asintió sin levantar los ojos. ¡No era normal que alguien de su posición pudiera ayudar al dios del firmamento! La curiosidad anidaba en la boca de su estómago con impaciencia.  - ¿Qué podría hacer yo?
Urano caminó ante ella en silencio, sin dejar de observarla.
 Hacía fresco en la sala, como en todo Argos. El momento más cálido era cuando abrían la puerta estelar, lo que no hacían muy a menudo, por lo menos los Dioses que se entretenían con cualquier cosa. Gea sin embargo, adoraba la ventana cotilla, hablaba con sus amigas de los mortales y reían con sus aventuras, otras lloraban por las mismas.
- Por algún motivo especial, mi Diosa piensa que serias perfecta. Descenderás al mundo de los mortales y después de cumplir con la misión serás libre.
 -¡¿Qué?! – Shura le miró sorprendida por unos segundos y volvió a inclinar la cabeza. ¡Ese era al sueño de cualquier siervo! ¡Conseguir la libertad y vivir en la in mortalidad sin volver a servir! ¿Solo por qué? ¿Por vivir entre mortales durante…?
Entre mortales… ¿Cómo vivirían los mortales? ¿Cómo sería el mundo actual? Ya estaba deseosa por partir. Una vez conseguida la libertad se marcharía a vivir en Eretría junto con algunos familiares.
- La misma Gea te ayudará en tú instrucción. Aprende rápido Shura y no nos falles. – Urano se acercó hasta ella y tomándola del mentón con una enorme mano de gruesos dedos, la obligó a levantar la mirada – Mira la ventana – la indicó.
La muchacha apretó los labios con fuerza. Deseaba observar y sin embargo temía hacerlo. ¿Y si no la gustaba lo que veía?
¡No podía ser tan malo, Gea se divertía mucho!
Despacio, buscó el gigante halo y se cubrió los ojos con las manos ante la brillante luz. Insistió abriendo ligeramente los dedos para mirar entre ellos y la vista se fue adaptando sin ningún problema.
Exclamó anonadada. Los labios entreabiertos y olvidada su respiración. Sus ojos grises brillaron emocionados.
Se acercó un poco más, veía a personas igual que ellos. Sus ropas eran extrañas, al punto de extravagantes y se movían… ¿Qué serían esas cosas con aros que se deslizaban por los caminos?
El mar, el cielo, la tierra, todo era igual, pero los edificios modernos de líneas rectas y aburridas entre las casitas blancas de tejados color sangre. ¿Y esas embarcaciones? ¿Que serían?
Pasaba los ojos de un lado a otro mirando con detenimiento, arrobada ante la grandeza del ser humano. Todo era nuevo para ella, espectacular.
Tenía tantas preguntas… deseaba saber tanto….
Sin apartar los ojos de la ventana, tragó con dificultad:
 -¿Yo iré allí, mi señor?
- Acompañaras a Kauri Jai Leen, cuidaras de ella hasta que cumpla los veinte años de edad y regresareis aquí donde la joven será desposada con el protector de su elección. – Urano caminó hasta colocarse tras su espalda.
La muchacha asintió. No estaba muy convencida sobre que tenía que hacer o a quien debía acompañar, pero haría lo que fuese por conseguir su libertad.
Por otro lado echaría mucho de menos a la Diosa de la madre tierra a quien llevaba sirviendo desde la niñez.
 - Tienes que cumplir con tu cometido,  asesora a la princesa y prepárala para su futuro reinado– volvió a decir el hombre – Puedes retirarte y que te acompañen los Dioses.
 - Solo usted, mi señor – respondió Shura. Esa era la respuesta que Urano deseaba escuchar de todos los habitantes a su cargo. Esas palabras eran un ensalce de su grandeza y de su poder culminándolo a un ser supremo.


Urano la observó marchar y con un gesto de mano hizo desaparecer la puerta estelar, aliviado de eliminar el calor que irradiaba.
Otra vez una fresca brisa volvió a correr bajos las anchas columnas de granito.
 -¡Estas muy benevolente liberando esclavos! ¿A qué se debe eso, mi señor? – preguntó Ovidio Dante acercándose al Dios.
Urano se encogió de hombros con indiferencia:
-Por alguna extraña razón esta mujer mía se ha encariñado con la esclava y desea que viva la experiencia de los mortales.
 - ¿logrará sobrevivir? – dudó Ovidio.
 Urano se encogió de hombros. Ya lo había hablado con Gea y está, estaba convencida que Shura la divertiría enormemente a través de la ventana. ¿Qué mejor protección para la joven esclava que la mismísima Gea?
- Debe de ser por algo muy importante- insistió Dante acercándose a una cómoda silla de tijeras.
- Ocultará a la última descendiente de la dinastía Kauri. Han asesinado a la familia real y ahora todos los protectores vendrán en busca de alguien que los guie. Me temo que desencadenaran una guerra y perderán sus almas guardadas.
 -Lo evitaras ¿verdad?
 - No está en mis manos ni el destino de ellos ni el de las almas. Cuando Kauri regrese en edad adulta deberá tomar las riendas de nuevo.
 -Lo que yo digo - asintió Ovidio – muy benevolente.
Urano asintió y se tendió en un hermoso diván color crema. Un siervo vestido con una diminuta falda corrió a llevarle una copa de vino y una bandeja de higos secos rellenos de nueces. Desde que el dios descubriera por casualidad aquel manjar, se había enviciado con ellos.
Urano había nacido de Gea, la Diosa de la tierra y más tarde él la convirtió en su esposa. Su existencia era plácida y tranquila en Argos. A veces demasiado tranquila para Gea que la gustaba volver locos a los mortales de vez en cuando, más no, porque para eso estaba Urano allí, para vigilarla.
-Gea vivirá la vida de su sierva a través de la estela. Estará entretenida durante una larga temporada y yo podré aprovechar para preparar la partida hacía los juegos olímpicos. Este año poseemos los mejores dramaturgos de todo el Peloponeso.
 -Te felicito por eso mi señor – Ovidio agitó la copa a su salud y bebió el contenido de un trago.



martes, 5 de abril de 2016

Un truhan encantador

Ya está a la venta en todas las librerías digitales.


Sinopsis

Un desafortunado accidente une los destinos de Colbert y Alana.
Él, un vividor que hace lo que le viene en gana siempre que quiere, se debate entre la responsabilidad, el honor y una irresistible pasión que le acecha en secreto. Ella, valiente y un poco ingenua, está pasando por un mal momento. La reciente muerte de su cuñado, el profesor Jhon Wakefield, ha dejado a su familia desamparada y solo su humilde trabajo en una taberna les permite salir adelante aunque de manera precaria... Una noche, los Wakefield reciben la visita de un apuesto bienhechor: Colbert, más conocido por lord Iron, por el que se siente inmediatamente atraída. Sin embargo, las circunstancias y una serie de acontecimientos pondrán a prueba la fuerza de sus sentimientos y amenazarán con arruinar su futuro y su felicidad.